"Nunca es tarde si la dicha es buena".
Este conocido dicho de nuestro viejo y sabio refranero me viene bien
para explicar como me enteré que el tercer domingo de Adviento es de
color de rosa. Si rosa. Muchos es posible que lo sepan, pero como no
es preceptivo utilizar los ornamento en este color, también es
posible que otros muchos lo ignoren, y no se puede disfrutar de lo
que se ignora. Yo voy a compartir ese descubrimiento.
La ermita de Nª Señora de la Salud es una joyita de iglesia al
cuidado de los Esclavos de la Eucaristía y María Virgen, comunidad
religiosa muy cuidadosa de la liturgia. Pues bien, hace unos años
estaba yo en su sacristía y fray Miguel me enseñó una casulla
recién llegada. Me sorprendió su color, era de un precioso rosa, yo
no recordaba haber visto nunca una misa con ese color. Me sorprendió
mucho ver algo así. Claro que yo en materia de liturgia sé
poquísimo. Los ornamentos litúrgicos del tercer domingo de Adviento
son de color rosa porque es el domingo de Gaudete, y también
la tercera vela de la corona de Adviento es rosa, continuó
explicándome fray Miguel. A lo más que llegué, en aquellos
momentos, fue a asociar mi también escaso latín, con el Gaudeamos,
el himno universitario, que cantaba a la alegría. Pues mira, sí,
resultó que era algo relacionado con la alegría. En la liturgia el color rosa se utiliza en este tercer
domingo de Adviento para reflejar la alegría de la cercanía de la
Navidad, y en el cuarto de Cuaresma, denominado Laetare, para
expresar la alegría de la cercanía de la Pascua.
Este domingo que, precisamente, nos
exhorta a la alegría de la llegada de la navidad, me recordaba cuántas conversaciones mantenidas
con personas que, pese a la apariencia, no llegan, tal vez debiera
decir no llegamos, a vivir esa alegría en plenitud. Lo cierto es que
cuando pasen las navidades a muchos les quedará esa sensación de
frustración, de nostalgia que las fiestas han pasado y no nos han
traído lo que esperábamos. Como si las promesas del Adviento se nos
hubiesen escapado sin enterarnos, y si embargo Jesús sigue naciendo
cada Nochebuena ¿Qué sucede para que tantas personas al apagarse
las seductoras luces de las grandes calles y centros comerciales,
sientan de nuevo la oscuridad y la tristeza en su vidas? No es algo
de lo que estamos exentos los creyentes, un inefable girón de algo
nos ensombrece, en ocasiones, el alma y el corazón al día siguiente de Reyes.
El papa Francisco nos decía en Evangelium gaudi:
- “El
gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta
de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón
cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres
superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se
clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás,
ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se
goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por
hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y
permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos,
quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena,
ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es
la vida en el Espíritu
que brota del corazón de Cristo resucitado".
Yo, -que presumo de ser católica practicante- pues he de
confesar que también me paseo por el pretil de ese peligroso, pero
tremendamente seductor, acantilado que es el mundo actual. Por eso me
alegro que este domingo de Gaudete se me recuerde la importancia de
la alegría, pero de la verdadera alegría. Cuántas veces nos reunimos con amigos y familiares, bebemos, comemos, compramos y
recibimos regalos, pero al final, cuando las luces se apagan y cae el
telón, sentimos que nuestro corazón sigue goteando como por una
extraña herida que no cura, como si siguiese anhelando el paraíso
de la Navidad de nuestra infancia. Es como si nos sintiésemos
insatisfechos. Insatisfacción que, utilizando las palabras de
nuestro obispo don Demetrio Fernández, viene precisamente porque hay
una alegría de fuera que "cuesta cara, nos lleva a consumir y
consumir, y nunca nos deja satisfechos. La alegría en el Señor es
gratuita, es un don de lo alto, calma nuestra ansiedad y nos produce
la paz".
El
canto de entrada oficial de la liturgia recoge una expresión del
apóstol Pablo a los cristianos de Filipos: “Alegraos
siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la
conozca todo el mundo. El Señor está cerca”
(Fl 4, 4-5)1.
El apóstol de los gentiles, tras exhortales a que nada les preocupe, sino que en toda ocasión sus peticiones sean presentadas a Dios,
les garantiza que “la
paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús”
(Fl 4, 6-7). ¡Alegrate,
regocíjate! me dicen los textos litúrgico de este día. Y la
razón de esta alegría, me la recuerda mi obispo en su carta
pastoral: "porque Dios está con nosotros, y en la preparación
para la Navidad, el Señor está cerca. La Navidad que se acerca es
fiesta de gozo y de salvación...La buena noticia del nacimiento de
Jesús, que viene a salvarnos, nos llena de esperanza y de alegría.
Nos hace más cercano el Dios que nos salva. Nos hace más
solidarios2”.
Pero ¿qué es, realmente, la salvación? Para muchos será una
pregunta tonta. Recuerdo que, en los inicios de mi conversión se la
hice a una persona, una y otra vez quería explicarme la historia de
la salvación. No, yo quiero que me expliques la salvación, le respondía. Pues mi caso no debía ser tan anormal, porque
recientemente Monseñor Francesc Pardo i Artigas, obispo de Gerona,
ha dicho que mucha gente desconoce, realmente, lo que significa la
salvación “Con
frecuencia se desconoce la propuesta salvadora de Jesucristo y se
entiende como una propuesta no salvadora, que no realiza la persona,
que no ofrece felicidad y vida, que no nos acrecienta en la libertad.
Es necesario redescubrir qué se nos ofrece, qué creemos, qué
celebramos, qué ofrecemos y qué se nos pide”3.
Mucho hay por redescubrir, como que Dios me ama, que soy el resultado de un proyecto de amor para ser feliz. Mucho que anunciar, como que la navidad es fiesta de encuentro con Dios y con los hermanos para llevarles la felicidad de Dios, el Dios que nos salva, es una alegría que nos hace vivir con la sencillez de quien se siente amado para toda la eternidad4. ¿Quien no quiere sentirse amado?
Si, este domingo en rosa puede ser el
comienzo del resto de mi vida en rosa, como en las -ya míticas-
navidades de la infancia! Y eso era así, como en tantos niños,
porque mi universo descansaba totalmente en la confianza del amor de
mis padres. Pero crecí y perdí la humildad, la sencillez del niño,
me creí autosuficiente ¡y así me fue¡. Dios vendrá a nosotros
“hecho Niño pobre en un portal, y solo los que se hacen como niños
entrarán en el Reino de Dios. Será un niño pobre, frágil y
débil”5.
1Francesc
Pardo
i Artigas.
Adviento es alegría.
http://www.agenciasic.com/2014/12/13/adviento-es-alegria
2Demetrio
Fernández. Alegres
en el Señor.
http://www.agenciasic.com/2014/12/12/alegres-en-el-senor/
3Francesc
Pardo
i Artigas.
Adviento es alegría...
4Demetrio
Fernández. Alegres
en el Señor...
5Ángel
Rubio. “Para
Adviento”. http://www.agenciasic.com/2014/12/12/para-adviento/





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